Viernes, 8 de abril de 2016


Frotando la lámpara

"Vos tenés que aprender a usar Photoshop", sentenció mi amigo Ricky al ver los collages surrealistas que yo hacía hace unos... ¿20?... ¿25 años?... No importa, el hecho es que lo miré con incredulidad y le contesté que no, que el Photoshop no se ajustaba a mi manera de trabajar y de entender el arte. Fue una respuesta sincera pero, lógicamente, basada enteramente en prejuicios. Por ese entonces no tenía ni idea de lo que era el Photoshop ni de las increíbles posibilidades que esta herramienta ofrecía a todos los que nos ganamos la vida plasmando lo que imaginamos.

"Te permite hacer lo mismo que hacés ahora", insistió Ricky, "pero desde la compu, y siempre estás a tiempo de corregir, agregar o quitar imágenes, aplicar efectos y por supuesto, lo más importante: dibujar y pintar". Y lo que yo hacía en aquel entonces eran dibujos, collages y pinturas influenciado por los mismos artistas que me siguen fascinando hoy en día: Max Ernst, Giger, Roger Dean, Gustav Klimt, El Bosco, Brueghel, etc, es decir, aquéllos que ahondan en lo desconocido y lo misterioso.

Y ahora que dicho software se ha convertido en una herramienta fundamental en mi trabajo y con la que convivo día a día solo puedo decir: ¡Cuánta razón tenías Ricky! El Photoshop es, desde cierto punto de vista, una especie de lámpara de Aladino que, si se la sabe frotar, convierte nuestros deseos en realidad. Y no es la única lámpara que froto: un block de hojas y un lápiz también lo son; y una cierta manera de observar las cosas también. En definitiva mi trabajo consiste en unir esos tres elementos.

En todo caso, el Photoshop es la herramienta que le da el acabado final a mis trabajos mediante un proceso que tiene mucho de técnico, mucho de lúdico y -como cualquier procedimiento artístico- mucho de demiúrgico.

La satisfacción que siento al ver cómo algo que era una idea apenas esbozada empieza a tomar forma hasta llegar al resultado final es infinita. En la imagen podemos ver el boceto que me envió por mail la banda Scars Of Oblivion (www.facebook.com/scarsofoblivion) y la portada acabada de su álbum debut. Entre otras cosas, el pedido decía lo siguiente: "Una mano que simboliza el poder sostiene una jaula de la que caen personas que son devoradas por una criatura abominable". En este caso, la banda tenía una idea muy clara de lo que quería en cuanto a disposición de los elementos dentro de la imagen. Lo único que yo tuve que hacer fue frotar la lámpara y esperar a que los espíritus invocados se materialicen.


Alejandro Blasi